Construyendo industria

El cine español depende de ayudas y subvenciones. Esto es un hecho, lo cual provoca una enorme desconexión entre la industria cinematográfica española y el público. La falta de recursos obliga a los creadores a realizar un tipo de películas que, en ocasiones, no conectan con el gran público que, sin embargo, sigue acudiendo en masa a ver las superproducciones de Hollywood o los grandes éxitos del cine europeo. Incluso en contadas ocasiones, las grandes productoras españolas reciben una gran acogida en cines cuando presentan producciones “más costosas” pero más comerciales.

El sector de la televisión ha recogido el guante y, gracias a las plataformas de pago como Netflix, ha sido capaz de ofrecer títulos de calidad como “La Casa de papel” o ”Las chicas del cable”. Sin embargo, el cine sigue anclado a los modelos antiguos debido a, entre otras cosas, la falta de financiación. La producción de una película actualmente nace del interés de un productor que ha de sortear todo un laberinto burocrático, conseguir unas subvenciones cada vez más escasas y difíciles de conseguir, además de lograr una serie de préstamos institucionales y adelantos por parte de distribuidores y canales de televisión que solo le permitirán realizar el filme. Las deudas, la falta de financiación y, en ocasiones, la naturaleza del filme, hacen que durante la comercialización de esos productos no haya rendimientos de ningún tipo, resultando todo el proyecto en un fracaso a nivel comercial.

El cine es industria y, como tal, los protagonistas deben ser las empresas privadas y los inversores, tal y como funciona en países como Estados Unidos, Francia o La India. El cine es arte, pero una película es un producto comercial que ha de explotarse comercialmente para obtener rendimientos económicos para sus realizadores e inversores. Una película ha de remunerar justamente a todos los que la hacen posible, desde los técnicos a los actores. La creatividad y la pasión no ha de ir reñida con una remuneración justa. Los autores y creativos deben cobrar por su trabajo, desde el guionista que escribe el guión hasta el figurante que aparece de fondo en las escenas. Debemos dejar atrás este modelo basado en la precariedad, las ayudas públicas y la desconexión con el público.

En Rollyhoo apostamos por la inversión privada. Creemos firmemente que el camino para construir industria es que las empresas y los inversores vean el cine como algo atractivo. Una película es una inversión y, como tal, ha de ofrecer un retorno económico. Mayor inversión implica más cantidad, variedad y calidad de películas, puesto que los criterios comerciales harán que estas se acerquen más a los gustos de los espectadores. Una industria fuerte permite mayor variedad de productos, y no solo aquellos dirigidos a una pequeña minoría de espectadores. Mayor inversión significan presupuestos altos, mayor calidad técnica y medios para llevar la imaginación de los creadores hasta límites insospechados.

Creemos firmemente en que las películas comerciales y el cine de autor pueden convivir. Los actores de la industria cinematográfica debemos abrir nuestra miras, y empezar a crear productos pensando en un mercado global, en un sector audiovisual que cada vez tiene mayor número de plataformas y, sobre todo, con una demanda que no deja de crecer. El público mundial quiere cine y series, quiere películas y entretenimiento de calidad. Creemos en comunicar todo lo bueno que hay en nosotros, en dejar que los profesionales trabajen y en mostrar todo el talento que atesoramos. Debemos dejar que los creadores cuenten historias que nos emocionen y nos hagan disfrutar. Debemos hacer cine.

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Rollyhoo es la plataforma que revoluciona la participación colaborativa en Cine. Ofrecemos proyectos profesionales, realizados por profesionales del sector, brindándote acceso a un mercado exclusivo hasta ahora

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